No me resulta fácil sentarme a escribir, ni aquí, ni en ningún lado. Cada vez que agarro un Lapiz o me siento enfrente de una pantalla en blanco de la computadora miles de recuerdos acuden a mi cabeza para acribillarme. Imágenes, miles de ellas, devolviendome tiempos que son mejor perderlos que encontrarlos. Tiempos que deberían de estar bien enterrados bajo tierra, que no me pertenecen. Pretendo alejarme de ellos, pretendo que lo logro y sin
embargo, es inevitable que siempre recurran a mí, llenos de angustia, melancolía y un odio imposible de codificar....

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