jueves, 30 de junio de 2011

Debo aprender a escaparme del pasado, o mejor aun…que no me siga lastimando. A acostarme sin pensar en lo temprano que debo levantarme. Que no importa cuanto me esfuerce… hay cosas que no lograré. A recordar siempre quién soy. A mirar con inocencia. Que llorar no me hace más débil, que no es un motivo de vergüenza.  Y que para amar no se necesita que te amen.
Que no importa cuán lejos esté la gente que yo quiero, porque siempre serán parte de mi corazón. A desbaratar mis propios esquemas. A bañarme en el mar sin mirar el fondo… y sin aterrarme ante tanta inmensidad oculta. A dejar de estar preocupada por la imagen que tienen de mi, sino sólo por la que yo tengo de mí. A hacer lo que me gusta sin estar pensando en qué dirá el resto. Que ser diferente me hace ser especial y única. Que puedo lograr lo que me proponga.
Que uno puede estar rodeado de miles de personas y sentirse solo. A no sentirme sola. A no sacar conclusiones apresuradas. Que puedo equivocarme…, que no se acaba el mundo. A no confiar tanto… o quizá a confiar más. Que no todo es lo que parece.. Que soy la dueña de mi futuro. Que todo lo que hago tiene consecuencias… buenas o malas… A no ser tan orgullosa. A no temer… 
En definitiva, a vivir...


Siempre hay que hacerle caso al corazón, ir donde él te lleve. Confiar en él. Lo difícil de hacerle caso al corazón es lo que la gente olvida mencionar: que a veces el corazón nos lleva a lugares a dónde no deberíamos ir, a lugares tan aterradores como atrayentes.Y a veces el corazón nos conduce a lugares que nunca pueden llegar a un final feliz. Y eso ni siquiera es lo más difícil. Lo más difícil es que al hacerle caso al corazón dejamos lo normal y vamos a lo desconocido. Y cuando lo hacemos no podemos regresar.




No está demostrado, pero quien escucha a su corazón sabe lo que siente. Orgullo, por haber hecho algo bien. Un recuerdo amargo, por la persona que te ha destruido la vida. Un enorme vacío, por no haber amado de verdad. Ira, por no saber si el corazón roto alguna vez cicatrizara. Pero si uno tiene fé, se pueden volver a pegar los pedazos. Solo que nunca sabes cuánto tardarás hasta que en tu corazón vuelva a caber otra persona, ni quien querrá entrar en el.